LA ESPINACA
¿Puede crecer y prosperar
una plantita bajo la nieve?
Cuando el suelo se ha puesto duro, el frío congela todo y la tierra se cubre de blanco, la espinaca descansa bajo un manto de nieve que oculta su vida.
Pero, en vez de hacerle daño, la nieve la protege del viento y de los depredadores, y lo que hubiera destruido a otras plantas, la ayuda y fortalece. ¿Cómo es posible? ¿Y qué tiene que ver esto con la oratoria y tus relaciones humanas?
Cuando la nieve se deshiela, el agua penetra la tierra, la espinaca despierta y comienza a crecer, y lo que parecía haberle quitado la vida, la transforma en una planta verde y hermosa.
Algo parecido podría ocurrir con tus relaciones humanas, tu motivación y tu oratoria debido a alguna incompatibilidad, malentendido o exabrupto, o quizás por causa de una ofensa muy difícil de soslayar. Disminuye o se pierde el contacto y hasta la comunicación se congela.
Puede caer un "invierno" que te cause una gran desilusión o resentimiento que congela tu corazón o el de la otra persona de manera irreconciliable.
Das todo por perdido y tu confianza parece marchitarse. Pero, de repente, una disculpa sincera, un gesto de cariño o algún bonito recuerdo compartido que quedó guardado como bajo la nieve del silencio, la envidia, el rencor o la distancia, sientes el "olor a agua refrescante" que te hace reconsiderar y replantearte todo.
Con paciencia llega el tiempo del deshielo. Tal vez un profundo arrepentimiento o quizás un lamento no expresado abre una grieta por donde se filtra el agua revivificante de una pequeña muestra de aprecio, luego un chorrito de empatía, después un gesto de altruismo, un puñado generosidad y cada vez mayor comprensión del asunto, y poco a poco suaviza la tierra para que el perdón se derrame con abundante misericordia, nutriendo la raíz.
Lo sembrado florece y una relación que parecía marchita renace fuerte, y el resultado es la alegría de la reconciliación.
Así como la humilde espinaca que espera bajo el frío nos demuestra que la vida puede esperar y prosperar a su debido tiempo, las relaciones humanas nos enseñan que incluso tras el invierno más duro, el aprecio puede rebrotar si se le da un espacio, una oportunidad, cuidado paciente y respeto.
El suelo que estaba duro por un malentendido, un frío que congelaba la esperanza y el manto de nieve que ocultó la vida, vencieron al tiempo y la distancia dando fruto en abundancia.
Por eso, no temas la dureza, no se congele tu corazón, no le digas "no" a la vida. Aprende de la espinaca, que contra todo pronóstico espera un tiempo y se yergue fresca para nutrir a otros, cont
ágiate nuevamente de amor, de fe y de esperanza.

