¿EVALUANDO?


REFLEXIONES NECESARIAS
PARA EVALUAR UN DISCURSO

Calificación es la forma como el maestro define su opinión o evaluación al observar el despliegue de las cualidades de un estudiante del curso de oratoria, la cual puede expresar en voz alta o por escrito, ya sea en privado o ante otras personas.

Tal vez evalúe basándose en su intuición ("le veo potencial"), en una emoción ("me encantó su estilo") o en un razonamiento ("enfocó hábilmente la idea"), o dependiendo de las circunstancias o del grado y propósito de dicha calificación.

Sin embargo, determinar las cualidades o circunstancias de alguien o de algo, o juzgar el efecto que tuvo su presentación, implica más que formarse la simple opinion personal. Porque aunque podría ayudar al estudiante a mejorar, también ppodría desanimarlo.

Por tanto, un maestro eficiente piensa con empatia y altruismo lo que se propone al formarse un concepto en su propia mente de la manera como piensa expresar su opinión, a fin de lograr el mayor beneficio para el estudiante, para el auditorio y para sí mismo. Porque esto influirá en la "calificación empírica" que los demás estudiantes también le pongan al maestro, en cuanto a su eficiencia como maestro.

Personalmente, soy enemigo de evaluar, calificar, clasificar, poner notas y promedios a los estudiantes de oratoria. Una nota o calificación es vastamente subjetiva porque expresa simplemente un enfoque, una opinión, y por tanto, un concepto o punto de referencia que a lo mucho puede servir para orientar o desorientar, dependiendo de la habilidad pedagógica, mayéutica y otras cualidades de quien evalúa.

No estoy diciendo que ninguna evaluación tenga valor. Pero si un maestro no observa ni evalúa al discípulo, ¿cómo podrá sugerirle cómo mejorar? No hay que sobrevalorar las evaluaciones calificando solamente un tipo de inteligencia. En tal caso, hay 4 tipos de inteligencia: en oratoria, relaciones humanas, motivación y ventas.

En oratoria: el arte expresivo. En relaciones humanas: su contacto con el auditorio. En motivación: el propósito y la energía que impulsa a la acción. Y ventas: su habilidad para cerrar el trato o zanjar el asunto.

Sin embargo, aunque la evaluacion o crítica puede ser útil desde un punto de vista objetivo si se califica con el fin de guiar a la persona en su camino o en sus esfuerzos por lograr su meta de mejorar, aún así, considero discutible la forma y el momento de hacerlo.

Opino que no se debería criticar de manera que dificulte u obstruya la inventiva, la innovación, la creatividad ni la espontaneidad del estudiante. Pero sí ayudarlo a canalizar mejor y a explorar y explotar dichas características de su carácter y personalidad.

Por eso una evaluación no debe ser usada para discriminar, clasificar ni mucho menos infravalorar o sobrevalorar al estudiante de oratoria, sino solo para contar con puntos de referencia para ayudar en el proceso de adquisicion de nuevas habilidades, tanto las del maestro como las del estudiante. Por decirlo así, contar con una herramienta multicriterio de análisis.

La meta no es que el estudiante "lo haga bien", sino mejor. Cuando uno lo hace bien, se siente satisfecho, y eso lo hace sentirse bien, pero no debería considerarlo como un final, sino siempre como un salto hacia algo mayor. Siempre habrá algo mejor adelante.

Una cosa es entender cómo y por qué funciona una técnica, y otra, disfrutar de los beneficios de aplicarla, según convenga al propósito de comunicar lo que se quiere compartir.

La técnica no es el fin, sino el medio para alcanzar un fin, lo que a su vez es solo una etapa en la vida. Todo lo que se hace mecánica o metódicamente se vuelve simple. Pero la técnica tambien sirve para inventar, innovar y crear.

Nunca se sabe adónde conducirá un gran empeño (como ejemplo, puedes ver en el canal Veritasium, por Internet, un ejemplo de la extraña trayectoria del científico Dr. Kary Mullis, ganador de un Nobel de Química).

Teniendo en cuenta que el interés y el empeño son importantes en cualquier emprendimiento, una tabla de evaluación serviría, de modo figurado, como un dinamómetro, es decir, un sencillo sistema para medir la eficacia o fuerza de la oratoria y de la potencia de la técnica dinámica para exponer en público, ganar confianza y relacionarse con los demás.

Imagina una tensión dinámica. Cierra ambos puños y júntalos ejerciendo una fuerte presión el uno contra el otro. Sentirás como trabajan tus músculos del brazo. Eso se conoce como tensión dinámica.

En sentido figurado, el estudiante también siente cierta tensión cuando expone en público. Pero esa es una respuesta normal del organismo. Es importante que entienda que no es una desventaja ni un defecto. ¡Estresarse es normal en ese caso! Por decirlo así, está a punto de desplegar sus alas (los principios y cualidades) que le ayudarán a remontarse con su discurso, iluminando a todos con información valiosa y motivacion que les va a servir toda la vida.

Claro, hay muchas variables implicadas en decir lo que uno quiere decir. Pero si la libertad de expresión nos da el derecho de exponer, y usáramos ese derecho para ofender o debilitar la autoestima de alguien, no inclinaría a favor la balanza del éxito ni del bien común.

Por eso, aunque una evaluación pudiera parecerle subjetiva a algunos, hay estudiantes a quienes podría agradarles, porque, ¿a quien no le agrada mejorar su puntaje? Puede ser muy motivador.

Como sea, tanto estudiantes como maestros, tenemos que evaluarnos de alguna forma a fin de trazarnos metas y educarnos para alcanzarlas. Es la clave de todo, ya se relacione con algo físico, material, emocional, intelectual, social o espiritual.

Lamentablemente, a nivel individual no podemos torcer el paradigma aceptado y promovido por los que apoyan ciertos sistemas obsoletos de educación (lo cual sería la única razón para poner notas o calificaciones).

Pero aun en tal caso, al estudiante de oratoria le conviene comprender que recibir una nota o calificación puede ayudarle a identificar y tomar conciencia de aspectos en que podría trazarse metas, repasar sus lecciones y mejorar. La calificación no tiene como propósito generarle estrés, sacarlo de su zona de confort, crearle una identidad diferente, clasificarlo ni compararlo con los demás, sino ayudarlo a mejorar su competencia y desempeño.

De todos modos, si eres parte de un sistema de enseñanza que no puedes cambiar, por lo menos controla lo que esté a tu alcance. No puedes cambiar al mundo, pero puedes esforzarte por mejorar un poquito cada día, ¿verdad?

Por eso, en caso de que seas un maestro y el sistema educativo u otra causa te exija evaluar la oratoria de tus estudiantes, de tal forma que desde tu punto de vista te parezca poco práctica, abajo te propongo algunas preguntas en las que puedes reflexionar tanto antes como durante y después de cada exposición. Te facilitará la tarea.

Una advertencia: Toma con pinzas toda evaluación. Una baja calificación de los estudiantes no solo podría desmotivar su progreso, sino reflejar una baja calificación en tu propia competencia como maestro, es decir, tu mayéutica, didáctica y pedagogía.

En caso de evaluar a un grupo, puedes hacerlo conversando amablemente en privado con cada participante al terminar la sesión, o al traer a colación discretamente su desempeño delante del grupo al cabo de la exposición, a fin de que individualmente todos profundicen lo que esperan de sí mismos. 

No coloques la barra de salto muy arriba. Es mejor procurar con mayéutica que cada uno se la coloque a sí mismo y luego ayudarlo con un leve empujoncito de tu parte (infórmate con la IA sobre "la Teoría del Empujoncito", de Richard Thaler, Premio Nobel de Economía 2017 y pionero de la economía conductual, disciplina que integra la psicología en el análisis económico).

También puedes usar tus evaluaciones para autoanalizarte, ya sea como orador o como maestro de oratoria, como veremos más adelante. Porque tu propia autoevaluación también afecta el progreso y desarrollo de tus estudiantes.

Nadie es perfecto

Jamás olvides que no somos perfectos, todos tenemos limitaciones, todos tenemos ilusiones y todo sufrimos frustraciones de vez en cuando. Pero nuestra humanidad y nuestro extraordinario cerebro nos invitan a procurar, no perfección, sino originalidad y eficiencia en todo. Por eso, en vez de parecer un juez implacable, procura sonar como un amigo. No esperes perfección de parte de nadie. El estudiante de oratoria debe sentir que está en un entorno de seguridad psicológica en el que puede sentirse libre para expresar con respeto lo que siente y piensa.

El sentimiento o sensación de seguridad psicológica se da, en parte, cuando el estudiante percibe que le está permitido arriesgarse, innovar y hasta equivocarse, sabiendo que los demás estudiantes serán comprensivos y tolerarán cualquier exabrupto o descuido involuntario.

Todos aprendemos algo nuevo cada día, es así como se incrementa la experiencia. No podemos saberlo todo. De hecho, el fracaso es parte de la experiencia de aprender a vivir. Sin experiencia no hay desarrollo, y sin desarrollo no hay crecimiento.

Si tus estudiantes pretendieran hacer una actuación perfecta, o esperaran perfección de los demás, se expondrían al riesgo de resultar poco convincentes. Es mejor parecer natural, tener algunas debilidades y sentir empatía por los demás, lo cual significaría manifestar al mismo tiempo la sencillez del que está consciente de sus propios defectos y limitaciones. La actitud de "Yo estoy bien, tú estás bien" también se podría verter como "tú fallas, yo fallo".

Además, una cosa es tener un defecto y otra, muy diferente, tener una limitación. Un defecto se puede superar hasta cierto grado, pero una limitación no, porque es un límite. A partir del límite se pueden usar otros recursos, pero el límite existirá mientras no se extienda o agrande.

Si tengo una conferencia en chino, no podré dejarme entender si no hablo bien el idioma chino. Es mi límite. ¿Como podría extender dicho límite? ¡Con un intérprete o aprendiendo chino!

Por ejemplo, si he adquirido el mal hábito de arreglarme impulsivamente el cabello o la ropa cada 30 segundos delante del auditorio, podría considerarlo como una debilidad o defecto y superarlo poco a poco con esfuerzo y dedicación. Por ejemplo, verificando mi acicalamiento una sola vez frente a un espejo.  Pero si soy ciego, debo capitalizar todos mis otros sentidos y apreciar cualquier sugerencia que otros me den.

En todo caso, la naturalidad es un valor muy importante en oratoria, tengas las limitaciones que tengas, y la naturalidad se caracteriza por ciertos rasgos de imperfección inherentes al ser humano.

Entonces, quizá te preguntes: "¿Para qué estudiar oratoria? ¿Por qué no seguir exponiendo con todos mis defectos?". Pero mejor pregúntate: "¿Quiero mejorar mi comunicación y ser más eficaz?". Si la respuesta es "no", invierte tu tiempo leyendo otra cosa. Pero si quieres superar aunque sea un poco algunos defectos que atentan contra la eficacia de tus discursos o evaluaciones, o si solo quieres reforzar las cualidades que ya estás manifestando, bien está.

De hecho, hay oradores cuyo éxito no mermó a pesar de mantener un par de defectos menores, como una debilidad física, la velocidad de sus palabras, un tartamudeo, alguna muletilla o un tic nervioso.

Por tanto, mejorar es definitivamente un valor importante. Justificar uno sus defectos y no progresar so pretexto de que todos somos imperfectos, tiene nombre propio: Estancamiento.

Aunque debemos ser tolerantes con nuestras imperfecciones y las de los demás, no deberíamos conformarnos con el estancamiento, la falta de voluntad, la indiferencia, la desidia o la procrastinación.

Y a pesar de que la tendencia natural a mejorar sea parte de nuestra naturaleza, tenemos que cuidarnos de irnos al otro extremo y caer en el fanatismo, o esclavizarnos al deseo de procurar ser siempre el mejor, el primero, el número uno o el único, "La Prima Donna" o llevar 'la voz cantante.

La realidad [y lo demuestra la infinita variedad de lo que ven nuestros ojos cada día] es que todos somos diferentes. Todos somos únicos. Algunos usan mascarillas para que las cámaras de reconocimiento facial no los descubran. Pero olvidan que algunos equipos no solo reconocen los rasgos faciales sino la postura y el modo de andar, que son originales en cada individuo. ¡Dicha tecnología se basa en el hecho de que todos caminamos y nos movemos de manera diferente!

Por tanto, nunca podremos ser siempre los mejores, los primeros ni los únicos ganadores. Al evaluar, procura transmitir la idea de que todos tus estudiantes son ganadores en algun sentido. Unos destacan en "volumen de la voz", otros en "el tono", y otros en la "empatia", etc. ¡Resalta eso, en vez de concentrarte en el defecto!

Cuando en esta sección hablamos de evaluar, calificar al estudiante o ponerle una nota, el propósito no es avergonzarlo compararlo con los demás ni restarle la energía y el entusiasmo que necesita para intentarlo una y otra vez.

Lo que quieres es que tu estudiante tome conciencia de aquello en lo que podría mejorar y, sobre todo, que tome su propia decisión de hacerlo. ¡Que cultive una voluntad emprendedora, no solo respecto a su negocio, sino a su carácter y personalidad, que es la base de cualquier emprendimiento.

Tenemos muchos defectos, pero podemos modificarlos y mejorar si nos concentramos en uno a la vez. Concediéndonos a nosotros mismos el tiempo y la oportunidad de trabajar en ello, seamos igualmente tolerantes con los demás. ¡Hasta los más curtidos CEOs pueden mejorar su desempeño!

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