¿DESEQUILIBRIO?


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¿Argumento sano u osteoporótico?

En una radiografía, un hueso sano muestra una estructura compacta y bien definida, en cambio, un hueso osteoporótico OSTEOPOROSIS. Pequeños agujeros o espacios llamados poros que permiten la absorción, paso o filtración de líquidos y aire. OSTEOPORÓTICO: Enfermo de exceso de osteoporosis. y con riesgo de fractura se ve delgado y poco denso.
CUADRO COMPARATIVO
HUESO
SANO
HUESO
DÉBIL
DENSIDAD Alta Baja
CORTICAL Gruesa Delgada
TRABÉCULAS Ordenadas Escasas
TEXTURA Sólida Frágil
RESISTENCIA Muy fuerte Muy baja
SE OBSERVA Nítida Difusa

No fue sarcasmo, sino una metáfora o ilustración para que percibas que hay diferencias y similitudes entre una oratoria eficaz y una ineficaz, entre una que solo informa y otra que mueve el corazón del oyente. Y que tal como huesos debiles exponen a uno a sufrir un accidente, una oratoria ineficaz puede echar a perder un discurso y hasta la reputacion del orador.

Igualmente, un argumento puede ser sólido o frágil. Por eso, de acuerdo con el contenido de tu discurso, tu actitud y la dignidad de la ocasión, debes preparte con la mayor anticipacion y el cuidado que merece.

Pensamiento crítico

El pensamiento crítico consiste en analizar y evaluar la información de manera objetiva para discernir la verdad y fundamentar el juicio.

Pero para discernir la verdad y fundamentar el juicio, primero tenemos que saber cuál es el límite del pensamiento crítico a fin de mantener una línea lógica. Comencemos por comparar la duda con el equilibrio.

Dudar no está mal. Es una herramienta que impulsa a investigar; y perder el equilibrio es natural porque demuestra que tenemos un sentido de orientación. Tanto la duda como el equilibrio son fuerzas en constante movimiento. No son estáticas.

Eso nos lleva a ver este asunto con lupa y tomarlo con pinzas. Lo primero que se ve es una dinámica entre entropía y neguentropía. Iremos poco a poco.

Cuando dudamos, salimos de un estado inerte y fosilizado, y disolvemos el prejuicio.

Una duda metódica no está mal. Es la que surge de no basarnos en "las apariencias" ni en que "todo es relativo". Nos motiva a buscar hasta encontrar un axioma. Pero si nos extravía en el intento, corremos el riesgo de sumirnos en el caos, comienza la osteoporosis de nuestro criterio y nuestra mente se vuelve frágil y quebradizo, nuestra visualización de la verdad decae.

Pero si mantenemos el equilibrio, mantendremos el esfuerzo para transmutar la presión externa en estabilidad interna, como un árbol golpeado por el viento: flexibles y fuertes.

Los huesos son duros, pero porosos, gozan de cierto margen de flexibilidad, unos más que otros. Si no admitiéramos una duda, nos volveríamos rígidos e inflexibles al punto de quebrarnos ante la verdad.

Por tanto, la duda y el equilibrio no se excluyen. Se complementan y retroalimentan. La duda es dinámica y cuestiona la estructura, pero el equilibrio la sostiene. Sin equilibrio, nos sumamos en el caos; y sin dudas, nos volvemos dogmáticos y ciegos.

Dudamos de "la forma", pero mantenemos en equilibrio "el propósito". Un matemático puede dudar ante cierta ecuación compleja, pero mantiene el equilibrio gracias a las leyes de la lógica que controlan el proceso.

La duda impide que el equilibrio se convierta en complacencia, y el equilibrio impide que la duda se convierta en cinismo. Y finalmente, el equilibrio nos impulsa a tomar una decisión praxeológica, y ante la duda optamos por una acción coherente que pone todo en orden.

Desorden y esfuerzo

Si dejamos de ordenar y limpiar una habitación durante algún tiempo, la ropa no se doblará sola, los libros no regresarán solos al estante y el polvo se acumulará. Eso es "entropía", la ley del menor esfuerzo, ¿y el resultado? Caos y desorden.

Entonces, decidimos poner un poco de orden. Hacemos esfuerzo, le metemos energía y detenemos el caos, impedimos que se convierta en un basurero. Lo que estaba de cabeza, lo ponemos al derecho. Nos negamos a caer en la entropía. Eso se llama "neguentropía".

La neguentropía es el "trabajo inteligente" que mantiene las cosas funcionando. El equilibrio que mantiene a raya las dudas de forma inteligente.

El límite del pensamiento crítico

Por tanto, el pensamiento crítico no es ilimitado. La entropía limita con la neguentropía, la duda limita con el equilibrio. Todo se complementa y se retroalimenta bajo el reconocimiento de que existen límites.

La entropía termina donde comienza la neguentropía, y viceversa. Pero no es que tal límite sea como un muro de concreto impenetrable. Es más bien como la frontera entre dos países. Existe cierta flexibilidad entre la duda y el equilibrio, entre la entropía y la neguentropía, entre el desorden y el orden.

Mantener una bicicleta en equilibrio no es tarea simple. Hay que imprimir cierto esfuerzo y energía para sostener firme el timon y mantener un pedaleo constante. Si dejamos de pedalear, perdemos el equilibrio, y si no controlamos el timón, chocaremos contra algo, peor si el timón está soldado a la estructura; no avanzaríamos mucho sin caernos.

Del mismo modo, mantener nuestra mente en equilibrio tampoco es tarea simple. Hay que desplegar cierto esfuerzo y energía para sostener firme el timon de las dudas y para mantener el equilibro por medio de presionar los pedales de una acción praxeológica. Sin neguentropía, perdemos equilibrio, y si soldamos el timón, caeremos o chocaremos contra algo. La entropía se tragará la estructura de nuestros argumentos y no avanzaremos mucho sin tropezar.

Los seres humanos somos máquinas diseñadas para crear orden, para transmutar la entropía en neguentropía. Nuestra vida es una batalla constante y emocionante donde la inteligencia es la herramienta para ganarle terreno al caos.

Neguentropía de la oratoria

Cuando nos proponemos dar un discurso, nuestra primera reacción seguramente es entrópica. Nuestros pensamientos y sentimientos parecen desordenados y confusos. Y de un estado de tranquilidad, de repente todo en nuestra cabeza se vuelve un caos.

Entonces recordamos que donde antes hubo un forcejeo caótico, siempre terminábamos imponiendo orden y claridad. Por ejemplo, aprendimos a subir a la bicicleta, agarrar el timón con firmeza y flexibilidad, a imprimir fuerza en los pedales y a mantener el equilibrio por una larga distancia, disfrutando de la experiencia. En el caso de otros, quizás se trató de aprender a caminar, leer, escribir, nadar, patinar, luchar con otro idioma, ganar amigos, buscar trabajo, etc.

Para eso estudiamos técnicas dinámicas para hablar en público y entonces ganamos confianza y terminamos relacionándonos muy bien con nuestro auditorio. El caos, el desorden y la incertidumbre ya no nos abruman porque sabemos lo que somos capaces de crear con nuestra exposición.

Un discurso no es otra cosa que la neguentropía de la oratoria. Un discurso sano, fuerte, libre de osteoporosis en los argumentos, equilibrado, bien organizado, sólido, resistente pero flexible ante la duda, que pone en orden el caos y no tiene miedo a la incertidumbre.

Porque nos negamos a dejarnos arrastrar por el desorden de nuestra mente y corazón, y aprendemos a compartir nuestro conocimiento y experiencia con nuestros oyentes, para que ellos también logren poner orden en el caos de sus vidas, en sus pensamientos y sentimientos, y logren visualizar un futuro mejor, un futuro de baja entropía.

"Vida plena sin osteoporosis
mental ni emocional."

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